Laberintos: Bellos espacios de confusión



La orientación o más concretamente la desorientación, es un tema objeto de estudio de diferentes campos. En literatura por ejemplo, nos incita a imaginar que un personaje vaga sin rumbo, hasta encontrar una salida (¿encontrarse con uno mismo?) o no llegar jamás a encontrarla.

El espacio se refleja como en un espejo en la mente del observador y dependiendo de quién sea éste y como esté en cada momento se refleja de diferente manera.




“Habla de las verdades de la vida, de las dificultades y las luchas, pero también simboliza la entrada, el centro y la nueva libertad una vez que se vuelve al exterior.” 

Aquél que penetra en el laberinto, queda encerrado en él. No hay ninguna desviación posible y es impredecible. Todo esto causa miedo porque se desconoce si el camino se puede realmente efectuar. Lo que el camino le depara a uno es incierto: la lógica o absurdidad, o todo o nada, el amor o el monstruo. El misterio de la muerte está estrechamente ligado a estas cuestiones.” 
“El laberinto tiene dos caminos: el que va hacia el centro y el que parte de él y se dirige hacia el exterior. Teseo no necesitó ayuda para encontrar al Minotauro en el centro, pero recurrió al hilo de Ariadna para hallar el camino de salida. (…) El camino de salida es el de regreso a casa. Una vez que se ha completado la aventura, se alcanza el conocimiento”
El camino hacia el interior es más atractivo porque conduce hacia un objetivo. El camino de salida del laberinto es, en cambio, más tranquilo y humilde. Puesto que ya lo conocemos, puede parecer largo, incluso demasiado para algunos. Pero es necesario hacer este camino de regreso para hacer recapitulación de lo ocurrido.” 

Candolini, G. “Laberintos”, Parramón, Barcelona, 2000


"Un laberinto es un lugar formado artificiosamente por calles y encrucijadas, para confundir a quien se adentre en él, de modo que no pueda acertar con la salida", dice la Real Academia. El modelo original comporta un arquitecto para construirlo (Dédalo), un monstruo al que encerrar (el Minotauro), un héroe para penetrar en él (Teseo) y una ayudante que lo descifre (Ariadna y su hilo de oro).


 La historia de los laberintos es tan antigua como el hombre: desde petroglifos que se pierden en el origen de los tiempos hasta las impactantes construcciones contemporáneas, separando sus dos grandes variantes: los unicursales, aquellos que tienen un único camino de entrada y salida, y los multicursales —inventados por Giovanni Fontana en 1420—, en los que hay recorridos alternativos, callejones sin salida y posibilidad de elección.

Teseo y el Minotauro

Pero un laberinto es también un paradigma, una manera de percibir la realidad, de entender el mundo. Jorge Luis Borges, por ejemplo, consideraba que el mundo tenía que ser un laberinto, porque en caso contrario no existiría más que el caos. Por lo que, paralelamente, la muestra explora el mundo como laberinto: los mitos, las culturas, las artes, la literatura, el cine o la contemplación de las circunvoluciones cerebrales como nuestro laberinto interior.

Borges
Los dos laberintos.

Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó a construir un laberinto tan perplejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían. Esa obra era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres.

Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta. Sus labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en Arabia tenía otro laberinto y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día.

Luego regresó a Arabia, juntó sus capitanes y sus alcaides y estragó los reinos de Babilonia con tan venturosa fortuna que derribo sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y lo llevó al desierto. Cabalgaron tres días, y le dijo: "Oh, rey del tiempo y substancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que veden el paso." Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en la mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed.

La gloria sea con aquel que no muere.

Jorge Luis Borges



Representación de la ciudad percibida como laberinto

La Torre invertida de Sintra



El ingreso a la torre invertida de Sintra, en Portugal, es una inmersión vertiginosa en símbolos y misterios. Pertenecía al aristócrata portugués Antonio Augusto Carvalho Monteiro quien estudio a fondo masonería y alquimia.

La torre invertida se encuentra en el palacio de  Regaleira situado en pleno Centro Histórico de Sintra y clasificado como Patrimonio Mundial por la Unesco.

El ingreso a la torre se realiza a través de una puerta de piedra que se abre gracias a un mecanismo oculto. En lugar de subir hasta las nubes, cada quince escalones se baja un piso en la construcción. La torre tiene 9 niveles, recordando los 9 círculos (del infierno, los del paraíso y del purgatorio) que tuvo que recorrer Dante para llegar a su amada Beatrice, en el clásico de La Divina Comedia.

Según los reputados ocultistas Albert Pike, René Guénon y Manly Palmer Hall, es en La divina comedia donde se encuentra por primera vez expuesta la Orden Rosacruz. 
En el fondo del pozo está, embutida en mármol, una rosa de los vientos sobre una cruz templaria, el emblema heráldico de Monteiro y, simultáneamente, indicativo de la Orden Rosacruz.

También se la conoce con el nombre de “Pozo iniciático” porque se sabe que era usado en rituales masónicos de iniciación.



El pozo está comunicado mediante varias galerías o túneles con otros puntos de la quinta: la entrada “dos guardiôes” (entrada de los guardianes), el lago de la cascada y el pozo imperfecto.La simbología del lugar está relacionada con la creencia de que la tierra es el útero materno de donde proviene la vida, pero también la sepultura donde volverá. Muchos ritos de iniciación aluden a aspectos del nacimiento y de la muerte ligados a la tierra o al renacimiento. La existencia de los 23 nichos ubicados bajo los peldaños del pozo iniciático constituye uno de los muchos misterios que alberga dicha construcción. Estos túneles, otrora habitados por murciélagos, hoy en día alejados por los muchos turistas que visitan el lugar, están recubiertos con piedra importada de la costa marítima de la región de Peniche para sugerir un mundo sumergido.


Consideraciones para la construcción de un puente:



Consideraciones para la construcción de un puente:

Las piedras de los puentes han de ser ligeras

conceptos, palabras, materia referida;

la estructura general irresoluble y vaga:

si nadie ve dos veces el mismo río, nadie verá dos veces el mismo puente.

Aboliremos de los arcos toda nostalgia,

toda afección humana.

La elección del trayecto será arbitraria y personal,

también el tiempo destinado:

los puentes no satisfacen jamás un orden, no se proponen nada,

un camino que va es un camino que regresa.

José Martín Carmona



Porque un puente,
aunque se tenga el deseo de tenderlo
y toda obra sea un puente hacia y desde algo,no es verdaderamente puente
mientras los hombres no lo crucen.
Un puente es un hombre cruzando un puente.

Julio Cortázar Libro de Manuel, p. 27.

Puente del Arcangel San Rafael, Cordoba.


Arcosolio

Arcosolio de los Guzmanes, Sevilla

Etimológicamente significa arcus arco y solium sepulcro o sarcófago. Se trata de una tumba que era utilizada para enterrar a los personajes más importantes como eran los mártires y los santos, en épocas posteriores estos espacios también fueron dedicados a sepultura de nobles o del “alto clero”. Tenía una capilla funeraria, que estaba situada en la parte más ancha del lugar. Esta capilla generalmente se ornamentaba a base de esculturas y de pinturas murales. El arcosolio era muy utilizado en Roma en el siglo III. Después de varios años este se volvió a utilizar a principios del siglo XIII, las cuales a diferencia del siglo III que eran utilizadas en una catacumba, estas se utilizaban en las paredes de las iglesias. El sarcófago se coloca en una especie de nicho que posee una forma ojival, y en su tapa se colocaba el bulto yaciente del personaje que era enterrado en el lugar. Se utilizaba varios estilos los cuales eran ornamentados con muchos detalles, entre esos estilos están: el plateresco, el manierista, el renacentista, el gótico flamígero.

Arcosolio es un término arquitectónico utilizado para definir un espacio sepulcral cubierto por un arco. Iglesia de Nuestra Señora del Rivero, Soria

Fueron muchos los arcosolios que fueron erigidos a través de los años. Un ejemplo de esta estructura, se puede encontrar en la Catedral de Sevilla, que fue mandado hacer por el Cardenal Diego Hurtado de Mendoza. También está el sepulcro bajo arcosolio que fue erigido en Cartuja de Miraflores, en Burgos, por el escultor Gil de Siloé bajo mandos del infante Alfonso, que era el hermano de Isabel Católica.


Alfonso de Castilla en actitud de orar. Cartuja de Miraflores.





Bajo la Dovela clave

Fotografía de Galia Gómez: Baños árabes, Gerona.

No sin esfuerzo, la dovela queda encajada misteriosamente entre dos piedras cortadas en cuña, fabricando un arco que parece flotar en el aire. En el momento de asentarse se contienen las respiraciones y los latidos se paran. En el momento de asentarse, puede desmoronarse todo el arco que con tanto cuidado y tanto mimo se ha levantado, en ese momento en que la dovela clave se deposita levemente, como si no pesara nada, en su sitio y encaja perfectamente, se frenan el tiempo y el viento. Todo se paraliza hasta que, con un sonido suave y un crujido sibilante, la roca tallada, la piedra, la dovela clave, se coloca donde debe estar, en el centro, sirviendo de llave a todo el arco y toda la construcción. Dividiendo el arco en dos partes iguales.

No importa cuántos años y cuántos esfuerzos ha costado llegar a colocar la dovela clave. No importa cuántos sacrificios, cuánto trabajo y cuántas lágrimas cuesta levantar el arco y terminarlo en la dovela. Nada importa excepto que el resultado final esté como debe ser, en su sitio, colocado, simétrico, perfecto, equilibrado, limpio, hermoso. Nada importa salvo que la piedra tenga su lugar y que el lugar espere a la piedra labrada. Que cada cosa encaje, que nada se mueva, que todo tenga una razón.

Los arcos de piedra perfeccionan el aire que sostienen. Los arcos de piedra elevan el cielo sustentándolo entre caricias suaves y algodón hecho de arena. Los arcos de piedra recortan el viento, lo hacen silbar y te llevan a tiempos lejanos de cinceladores y tallistas. Los arcos de piedra saben, saben. Debajo de un arco vibra el mundo; debajo de un arco, bajo la dovela clave, la tierra susurra, la tierra habla, la tierra te canta. 
Debajo de la dovela clave...